Una historia…

Quiero contarles una historia.

Un joven de 18 años muere en una calle de Quito. Él circulaba en su bicicleta, de regreso del colegio con su mochila al hombro. Nadie sabe que significaba para él la bicicleta.

Su muerte -como muchas otras de ciclistas- no pasó inadvertida. Voraces cámaras, reporteros que viven de eso y curiosos no demoraron en aparecer. Lo que queda detrás: vidrios rotos, un bicicleta blanca -rechazada sabiamente por su madre-  y el dolor de sus seres queridos.

Después de contar esta historia estuve pensando mi muerte. Si es en bicicleta (o de cualquier forma) no quiero eventos en Facebook, afiches con marcas, ni gente en silencio. Quiero gente criticona, animales políticos motivados para luchar por lo que creen.

Lo que sigue: convencernos que más que “dignidad humana y memoria” la familia necesitará JUSTICIA. Como lo necesita la familia de Sebastián, Salomé, Vinicio, Pablo y María Cristina.

Nadie sabe qué significaba para él la bicicleta. Hasta saberlo hay que respetar la memoria, el dolor de su familia, su nombre y su recuerdo. 

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